Historia electoral sugiere que no cambiará el resultado

Por: Redacción Paragrafo

22 junio, 2026

Se conocen nuevos detalles del polémico viaje de Petro a Manta, Ecuador

El presidente Gustavo Petro decidió no reconocer los resultados preliminares que declararon a Abelardo de la Espriella como vencedor. A pesar de la victoria en el preconteo, el mandatario se mantiene en espera del conteo final, invocando la necesidad de verificar el proceso.

La reacción del jefe de Estado no sorprendió a los observadores. Desde hace meses, Petro venía alimentando la teoría de un supuesto fraude electoral y sembrando dudas sobre la legitimidad del proceso. Este domingo, incluso antes de que cerraran por completo las urnas, el mandatario dejó claro su postura: “No se puede proclamar ningún presidente. Es el escrutinio el que determina quién es el presidente. Obedezco a los jueces. Vamos a escrutinios”.

Sin embargo, más allá de las declaraciones, el sistema electoral colombiano demuestra ser uno de los más sólidos y vigilados de la región. Lo que viene ahora es una jornada maratónica donde jueces, notarios y registradores revisarán el trabajo hecho por los jurados. La historia electoral reciente ayuda a entender por qué este conteo final rara vez cambia lo que ya muestra el preconteo.

La elección actual dejó la diferencia porcentual más estrecha entre primero y segundo desde el regreso de la democracia en 1958, apenas 0,95 %, equivalente a 250.820 votos entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda. De hecho, Colombia ya ha tenido diferencias incluso menores en votos absolutos y aun así el resultado nunca se revirtió.

El ejemplo más reciente es el de la primera vuelta de estas mismas elecciones. El escrutinio tardó cuatro días en concluir. Fueron jornadas de revisión intensa en las que jueces de la República, testigos electorales y auditores revisaron acta por acta, mesa por mesa y voto por voto. Al final, no hubo reclamaciones y la diferencia entre el preconteo y el conteo oficial fue de 0,06 %. En ese momento, pasaron a segunda vuelta Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella.

En 2022, cuando Gustavo Petro competía en primera vuelta contra Rodolfo Hernández y Federico Gutiérrez, la diferencia entre el preconteo y el conteo municipal fue de apenas el 0,1 %, según la Registraduría. En ese momento, no hubo narrativas de fraude. La campaña Petro-Márquez aceptó el resultado preliminar esa misma noche y luego el conteo oficial terminó ratificándolo.

La Misión de Observación Electoral (MOE) ha documentado esa tendencia durante años. Sí existen diferencias entre preconteo y conteo oficial, pero son pequeñas, normales y propias de cualquier proceso electoral masivo. Corrigen errores humanos, ajustan cifras, pueden mover porcentajes y, en elecciones legislativas cerradas, incluso definir una curul.

Aunque esta elección tuvo uno de los resultados más estrechos en muchos años, no ha sido el único caso. En 1994, Ernesto Samper venció a Andrés Pastrana por 156.615 votos, una diferencia del 2,12 %. En 1978, Julio César Turbay derrotó a Belisario Betancur por 137.061 votos, equivalentes al 2,71 %. Y en la recordada elección de 1970, Misael Pastrana se impuso a Gustavo Rojas Pinilla por apenas 63.557 votos, con una distancia del 1,59 %.

Pero hay otro dato todavía más importante: la distancia entre el preconteo y el conteo oficial en segundas vueltas presidenciales ha sido históricamente mínima. Desde 1998 nunca ha superado el 0,1 % del total de votos. Ese año la diferencia fue de 69.025 votos; en 2010 fue de 40.734; en 2014 bajó a 23.274; en 2018 se ubicó en 25.236; y en 2022 fue de 29.216 votos.

El analista político Ricardo Ruiz explicó que la matemática electoral no juega a favor de un vuelco. “Supongamos que en esta elección haya un cambio de 0.2 puntos porcentuales, que sería muchísimo. Igual eso no revierte el resultado”, añadió.

Más de 250.000 testigos electorales estuvieron desplegados en todo el país vigilando mesas, formularios y conteos. “La gente se organizó un montón. Realmente fue una fiesta democrática”, dijo un observador. Por eso, cuando Petro dice “vamos a escrutinios”, lo que realmente viene no es una nueva elección, ni un escenario abierto donde todo pueda darse vuelta. Es solo la formalización de que Abelardo de la Espriella será el nuevo inquilino de la Casa de Nariño durante los próximos cuatro años.