Fallece Eduardo Robayo Ferro, el visionario que revolucionó la gastronomía colombiana con Kokoriko
Por: becquerel
23 marzo, 2026

Eduardo Robayo Ferro, empresario colombiano y fundador de la icónica cadena de restaurantes Kokoriko, falleció este sábado a los 91 años, dejando un legado imborrable en la industria gastronómica del país. Su muerte, confirmada por su familia y figuras públicas, marca el fin de una era que transformó los hábitos alimenticios de millones de colombianos al popularizar el consumo de pollo asado como opción accesible y de calidad.
Aunque las causas de su fallecimiento no han sido reveladas, el impacto de Robayo trascendió su rol como empresario. Enrique Peñalosa, exalcalde de Bogotá, lo recordó en redes sociales como “un gran empresario, constructor de patria y mejor ser humano”, mientras que Fernán Martínez, manager de artistas, compartió un emotivo mensaje en honor a su familia: “Un abrazo para sus hijos Claudia, Eduardo, Carolina, su esposa Alba Lucía Gómez y demás familiares”.
De joyero a pionero del pollo en Colombia
Antes de convertirse en un referente gastronómico, Robayo exploró diversos rubros. En sus inicios, se desempeñó como comerciante y joyero, pero su verdadero giro llegó a finales de los años 60, cuando incursionó en el sector avícola. Junto a sus socios Noé Cardona y Emilio Jordán, fundó Avesco, una empresa que sentó las bases para su modelo de negocio.
El primer restaurante Kokoriko abrió sus puertas en Cali en 1971, en un momento en que las cadenas de comida rápida apenas comenzaban a ganar terreno en Colombia. Robayo apostó por un concepto innovador: pollo asado de calidad a precios accesibles, en un país donde el consumo de esta proteína aún era limitado. Su visión no solo democratizó el acceso a este alimento, sino que también impulsó la urbanización acelerada, el crecimiento de la clase media y la cultura del consumo fuera del hogar en las décadas siguientes.
El éxito de Kokoriko no se limitó a su propuesta gastronómica. Robayo y su familia diversificaron sus inversiones hacia sectores como vivienda, pensiones y servicios financieros, alineándose con la estrategia de otros grupos empresariales colombianos de la época. Este enfoque multifacético consolidó su influencia en la economía nacional.
Un hito clave ocurrió en 2017, cuando el grupo Inmaculada Guadalupe y Amigos (IGA) adquirió el control de la compañía. Aunque la propiedad cambió de manos, la esencia de Kokoriko —forjada bajo el liderazgo de Robayo— se mantuvo intacta, demostrando que su legado iba más allá de su gestión directa.
Hoy, Kokoriko es sinónimo de tradición, sabor y accesibilidad, con presencia en múltiples ciudades. Su historia refleja cómo un emprendedor puede moldear no solo un negocio, sino costumbres y mercados. Robayo no solo vendió pollo; creó una experiencia cultural que sigue siendo parte del imaginario colectivo colombiano.
Su partida deja un vacío en el sector, pero también un recordatorio de que el verdadero éxito empresarial va más allá de las cifras: se mide en impacto social y transformación de hábitos. Mientras Colombia llora a uno de sus grandes visionarios, su nombre quedará grabado en la historia como el hombre que hizo del pollo asado un plato nacional.
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