Un año sin Miguel Uribe: la familia Tarazona enfrenta el duelo en silencio y con dolor

Por: Maria Jose Salcedo

7 junio, 2026

Un año sin Miguel Uribe: la familia Tarazona enfrenta el duelo en silencio y con dolor

Hace exactamente un año, Colombia despertó con una noticia que sacudió al país: el atentado contra Miguel Uribe Turbay, candidato presidencial del Centro Democrático, dejó al país en shock y a su familia sumida en un dolor que aún no cesa. Este sábado, al cumplirse el primer aniversario de su muerte, su viuda, María Claudia Tarazona, y sus hijos —entre ellos Alejandro, de cinco años— enfrentan una fecha marcada por la ausencia, la incertidumbre y la lucha por mantener vivo su legado.

Un día que cambió todo

El 7 de junio de 2024, Miguel Uribe desayunó con su familia como cualquier otro sábado. Ese día, como candidato presidencial, su agenda estaba llena de compromisos de campaña. “En la noche nos vemos”, les dijo a sus seres queridos antes de salir. Pero esa noche nunca llegó. Un disparo en la cabeza lo dejó al borde de la muerte, iniciando una agonía de 65 días en el hospital, donde resistió hasta noviembre. Para entonces, su hijo Alejandro ya había cumplido cinco años… sin él.

La foto del cumpleaños, que solía incluir a Miguel abrazando a su hijo, quedó congelada en el tiempo. “Mamá, ¿la muerte es para siempre? ¿Dónde queda el cielo?”, pregunta Alejandro, con una inocencia que contrasta con la crudeza de la realidad. María Claudia, en medio del dolor, intenta responder con calma, pero admite que lo más difícil es ver a su hijo llorar por un padre al que no pudo despedirse. “La más dolorosa para mí es oír llorar a Alejandro por su papá”, confiesa.

El viaje que se convirtió en despedida

Ocho días antes del atentado, la familia viajó a Nueva York, un lugar especial para Miguel. Fue un viaje improvisado, pero lleno de felicidad: recorrieron restaurantes, visitaron el sitio donde se conocieron y revivieron momentos clave de su relación. “Fue una gran despedida”, recuerda María Claudia. “Muy triste y muy doloroso que haya sido el último, pero no dejo de darle gracias a Dios por haber tenido esa despedida tan maravillosa”.

Ese viaje, que en otras circunstancias habría sido un reencuentro familiar, se convirtió en el último recuerdo tangible de Miguel con su hijo. Ahora, Alejandro pregunta si puede “visitar a su papá en el cielo”, y su madre debe explicarle un dolor que ni siquiera ella entiende del todo.

Un legado que perdura

Miguel Uribe no era solo una figura política; era un hombre cercano, educado y dedicado a su familia. Como concejal y luego como congresista, dejó una huella de conciliación y debate. Pero su mayor legado podría ser el amor que inculcó en sus hijos. Alejandro, por ejemplo, aprendió de él a tocar el piano, a leer y a respetar a su madre y hermanas. Ahora, María Claudia guarda sus pertenencias —agendas, libretas, ropa— para que, cuando sea mayor, su hijo decida qué hacer con ellas.

“Miguel no tuvo nada de su mamá cuando ella murió”, explica María Claudia. “Por eso guardé sus cosas: para que Alejandro tenga algo físico de su papá cuando crezca”.

El duelo en público y la lucha por la justicia

Tras el atentado, María Claudia se convirtió en un símbolo de fortaleza para Colombia. Con reportes diarios sobre el estado de salud de su esposo, apeló a la fe de los colombianos para que rezaran por él. “La gente se conecta mucho con nuestro dolor”, dice. “Recibo abrazos y mensajes de solidaridad. Rezamos por Miguel, seguimos orando por ti y por tus hijos”.

Pero el dolor no cesa. “Ha sido un proceso muy doloroso”, admite. “Un dolor que no te deja descansar, porque es permanente”. La familia, además, exige justicia. Aunque no se sabe quién dio la orden del magnicidio, María Claudia ha criticado preacuerdos con criminales y exige que el caso no quede impune.