El ‘tusi’ se convierte en problema de salud pública en Medellín por su creciente consumo
Por: Maria Jose Salcedo
7 junio, 2026

Medellín, 15 de junio de 2026 — Lo que comenzó como un lujo en las fiestas de élite de Medellín hace dos décadas, hoy es una pesadilla de salud pública. El “tusi”, esa sustancia rosada que inundó las pistas de baile y los estadios, ya no es solo un estupefaciente de moda: es un cóctel de drogas sin regulación que está dejando una estela de amputaciones, daños cardíacos y psicosis en jóvenes colombianos. Lo que antes se vendía como “2C-B” —una molécula psicodélica sintetizada en los años 70— hoy es un brebaje impredecible, con hasta nueve sustancias distintas por dosis, según alertó el Ministerio de Justicia.
De lujo a epidemia: cómo el “tusi” se convirtió en un monstruo
En los 2000, el “tusi” era un producto exclusivo en fincas de El Poblado y Llanogrande, donde un gramo costaba hasta 150.000 pesos. Su llegada a Colombia coincidió con el auge de los “pupy narcos”, jóvenes de clase alta que usaron redes sociales para crear un mercado paralelo. Bandas como Los Chatas y Caicedo controlaban el negocio con violencia: en 2013, el cadáver de un expendedor apodado “Picacho” apareció en un baúl con un letrero que decía “vendedor de 12-B”, un castigo de La Oficina.
Pero en 2017, el panorama cambió. Grupos como La Terraza y el Clan del Golfo irrumpieron en el mercado, bajando los precios a solo 10.000 pesos por “punto” y expandiendo su distribución a buses, estadios y hasta parches. Su mayor truco de marketing fue el color rosado, que le dio un aire de diseño y sofisticación. Hoy, el “tusi” funciona más como una marca que como una droga: cada lote es una receta distinta. La “Calvin Klein” (cocaína + ketamina) es conocida como “la segadora de la muerte”, mientras que el “Coco Chanel” (tusi blanco con aroma a coco) podría estar vinculado a crímenes en México, según reportes de El País.
El veneno que nadie controla: composición y riesgos
Un análisis cromatográfico realizado en Colombia reveló los componentes más frecuentes del “tusi” actual:
- Ketamina (96%): Anestésico disociativo que causa adicción, daño cerebral y cistitis por ketamina (inflamación de vejiga que puede requerir extirpación).
- Cocaína (52%): Vasoconstrictor que, combinado con otros estimulantes, genera isquemia en extremidades.
- MDMA (88%): Éxtasis que sobrecarga el sistema nervioso.
- Cafeína (96%): Potencia los efectos estimulantes.
- Fentanilo (presente en algunas muestras): Dosis letales de 2 mg (equivalente a un grano de arroz) han causado sobredosis.
- Levamisol (30-70% en muestras): Antiparasitario veterinario que agrava la toxicidad.
El resultado es un cóctel impredecible. Médicos como Julián Camilo Vargas Roa, especialista en urgencias de Medellín, han reportado casos de jóvenes de 28 a 35 años con isquemia aguda en extremidades tras consumir “tusi”. “Es extremadamente raro en personas jóvenes sin antecedentes. Lo que vemos es vasoespasmo severo por vasoconstricción”, explicó. En Bogotá, el cirujano vascular Luis Felipe Cabrera atendió a un paciente de 22 años al borde de una doble amputación, cuyas arterias estaban sanas, pero colapsadas por la sustancia.
Daños que van de la cabeza a los pies
Los riesgos del “tusi” no se limitan a las extremidades:
- Corazón: Un estudio de abril de 2026 en la revista CASE documentó cuatro casos de “tusiválvulas” —daño grave en válvulas cardíacas— en jóvenes de 26 a 41 años, que requirieron cirugía de reemplazo.
- Psique: Psicosis, alucinaciones, paranoia y cuadros de despersonalización.
- Órganos: Hipertermia, daño hepático, renal y depresión respiratoria.
- Piel: La xilacina (“tranq”), un sedante veterinario detectado en algunas muestras, provoca heridas profundas que se infectan.
¿Qué sigue?
Las autoridades intentan frenar la crisis. La Secretaría de Salud de Medellín reportó 18 casos de daño vascular severo y una amputación en lo que va de 2026. La Asociación Colombiana de Medicina Vascular emitió una alerta nacional, y el Ministerio de Justicia advirtió sobre la falta de regulación. Mientras tanto, organizaciones como Échele Cabeza llevan años advirtiendo sobre los riesgos, pero el mercado ilegal sigue creciendo.
“El ‘tusi’ ya no es una moda, es una emergencia de salud pública”, advierte la toxicóloga Marie Claire Berrouet Mejía. Con bandas criminales ganando 5.000 millones de pesos mensuales con su venta, la solución parece lejana. Mientras tanto, Medellín —la ciudad que lo vio nacer— enfrenta las consecuencias de décadas de una droga que nadie regula y que pocos entienden.
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