Venezuela reingresa al sistema financiero global: OFAC levanta parcialmente sanciones al Banco Central
Por: Redacción Paragrafo
20 abril, 2026

Venezuela da un paso histórico hacia su reinserción en la economía global tras la decisión de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos, que esta semana levantó de manera parcial las sanciones impuestas en 2017 al Banco Central de Venezuela (BCV) y a tres instituciones públicas más. La medida, acompañada de una licencia que autoriza transacciones comerciales con el Gobierno venezolano bajo supervisión de Washington, marca el inicio de una nueva etapa que podría estabilizar el tipo de cambio y atraer inversiones internacionales, aunque los expertos advierten que la recuperación dependerá de cambios estructurales en la política económica.
Un giro con consecuencias inmediatas
La flexibilización de las sanciones, anunciada el viernes, ha tenido efectos casi inmediatos. Venezuela recuperó su membresía en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, y el economista César Aristimuño, director de la consultora Aristimuño, Herrera & Asociados, destacó que esta decisión permitirá “reforzar las reservas internacionales”, reducir la brecha cambiaria —que actualmente supera el 30% entre el dólar oficial y el paralelo— y generar mayor confianza para inversores extranjeros.
El FMI, en un gesto de apoyo, desbloqueó para Venezuela Derechos Especiales de Giro (DEG) por 4.900 millones de dólares, elevando las reservas internacionales del país a 20.000 millones, desde los 13.700 millones previos. Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, aseguró que la institución actuará con “gran celeridad” para facilitar el acceso a financiamiento, mientras que la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, descartó un programa de endeudamiento y celebró el regreso a una organización que el chavismo había criticado históricamente.
Nuevos actores y viejos desafíos
La designación de Luis Pérez como nuevo presidente del BCV, en sustitución de Laura Guerra, refleja un intento por modernizar la entidad. Pérez, quien ya formaba parte de la directiva, asume el cargo en un contexto de alta presión por reformas técnicas. Sin embargo, analistas como Alejandro Grisanti, director de Ecoanalítica, advierten que el cambio de gerencia no es suficiente si no se transforma la estructura del BCV, dominada por perfiles ideológicos en lugar de técnicos.
Grisanti subrayó que, pese a la eliminación de sanciones, el sistema cambiario venezolano sigue subsidiado, una política que, según él, ha contribuido a la hiperinflación (superior al 400% en 2025) y a la distorsión del mercado. “El dólar subsidiado no frena la inflación; al contrario, la alimenta”, afirmó, instando a un equipo independiente que colabore con el Tesoro estadounidense para implementar reformas reales.
El factor energético y minero
Detrás de este giro diplomático y económico está el interés de Washington en los recursos naturales de Venezuela. Aristimuño señaló que la flexibilización de sanciones tiene un “trasfondo energético y minero”, especialmente en un momento en que EE. UU. busca diversificar su suministro de petróleo y oro. La renegociación de la deuda venezolana, en default técnico desde 2017 con un monto superior a 120.000 millones de dólares, podría acelerarse gracias a la reintegración al FMI y a la posibilidad de celebrar contratos comerciales.
¿Hacia una estabilidad duradera?
Aunque el escenario es prometedor, los expertos coinciden en que la estabilidad económica dependerá de tres factores clave: la reducción de la brecha cambiaria (que Aristimuño estima podría situarse en el 10% para mediados de año), la independencia del BCV y la atracción de inversiones en sectores estratégicos. Grisanti advirtió que, sin cambios profundos, el país podría repetir los errores del pasado, donde las políticas monetarias expansivas y el control de divisas generaron distorsiones en lugar de crecimiento.
Mientras tanto, el Gobierno de Nicolás Maduro —ahora con un presidente de EE. UU. encarcelado tras su captura en enero— enfrenta el reto de demostrar que esta apertura no es solo un gesto temporal, sino el inicio de una transformación sostenible. La comunidad internacional observa con cautela, pero también con esperanza, un país que, tras años de aislamiento, busca recuperar su lugar en el tablero global.
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