Un último adiós entre escombros: la historia de supervivencia de Mateo y su madre tras el terremoto

Por: Redacción Paragrafo

20 agosto, 2026

Mateo Yepes y Martha Serna se despidieron creyendo que morirían bajo los escombros en Pereira. Su emotiva historia de supervivencia tras el sismo de 7.4.

Entre el polvo y el crujido del concreto colapsado, un hombre y su madre intercambiaron lo que pensaron serían sus últimas palabras. “Gracias, mamá”, “gracias, hijo”, se dijeron, resignados ante lo inevitable. Minutos después, contra todo pronóstico, ambos serían rescatados con vida de los restos de su edificio en el barrio Álamos de Pereira, tras el terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el Eje Cafetero la mañana del lunes 10 de agosto.

El sismo, con epicentro en el Chocó, no solo derrumbó estructuras, sino que puso a prueba la resistencia de una familia que ya había sobrevivido al devastador terremoto de 1999. Para Mateo Yepes, comunicador social de 30 años, y su madre, Martha Serna, lingüista de 66, la experiencia revivió el horror, pero también selló su vínculo con un nuevo significado.

En entrevista con Noticias Caracol, Mateo relató el momento exacto en que su apartamento “cayó al vacío” antes de que paredes enteras se desplomaran sobre ellos. Atrapados bajo toneladas de escombros y sin posibilidad de escapar, el diálogo de gratitud mutua surgió como un acto de aceptación. “Yo entiendo que me voy a morir. Mi mamá y yo entendemos que nos vamos a morir”, recordó el joven.

Martha logró quedar protegida por una pared que formó un “espacio providencial”, permitiéndole respirar. Su hijo, sin embargo, quedó aprisionado por tres bloques masivos que inmovilizaron sus piernas y presionaron su nuca, impidiéndole hablar. Ese silencio desató la angustia más profunda en su madre. “Le decía: ‘Mate, háblame’. Y Mate no me hablaba… esos creo que fueron los 10 segundos más horribles de mi vida”, confesó Martha, quien en ese momento entregó su vida a Dios y se preparó para lo peor.

La salvación llegó gracias a la rápida intervención de un grupo de obreros que trabajaban cerca del inmueble destruido. Al escuchar los llamados de auxilio entre las ruinas, lograron remover la estructura que asfixiaba a Mateo y luego liberaron a Martha. Ambos fueron trasladados a la Clínica Santillana de Manizales, donde recibieron atención médica.

Aunque con vida, las secuelas físicas y emocionales persisten. Mateo sufre luxaciones de cadera y fémur, y arrastra recuerdos sensoriales imborrables: el olor a “sangre, barro y tierra” en sus vías respiratorias, y el ruido cotidiano que le evoca el crujido de las paredes al caer.

Más allá del trauma, la experiencia transformó la relación entre madre e hijo. “Antes teníamos una muy buena relación, pero ahora se afianza más el hecho de haber sobrevivido, de habernos podido despedir y dar las gracias”, explicó Mateo. Para ambos, el episodio reforzó la conciencia sobre la fragilidad de la vida y la importancia de los lazos familiares.

El comunicador social aseguró que no descarta volver a ejercer su profesión para narrar, desde su propia perspectiva, “las historias de quienes han recibido una segunda oportunidad de vivir”. Su relato se suma a las miles de experiencias de resiliencia que dejó el sismo, recordando que, incluso en los momentos más oscuros, un adiós puede convertirse en un nuevo comienzo.

El terremoto del 10 de agosto, considerado uno de los más fuertes en la región en años, afectó gravemente a departamentos como Chocó, Risaralda y Caldas. Autoridades reportaron daños materiales significativos y continuaban las labores de evaluación y asistencia a familias afectadas.