Trump amenaza con “tomar” o “liberar” a Cuba: ¿Nueva escalada en las tensiones entre EE.UU. y La Habana?
Por: Maria Jose Salcedo
17 marzo, 2026

En un giro retórico que ha encendido las alarmas en Cuba y entre analistas internacionales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró este lunes desde el Despacho Oval que consideraría un “honor” que su país “tome” o “libere” a la isla caribeña, describiéndola como una “nación muy debilitada”. Sus palabras, cargadas de ambigüedad y fuerza, llegan en un momento de máxima tensión diplomática y crisis económica en la isla, donde el Gobierno de Miguel Díaz-Canel busca desesperadamente aliviar la presión de Washington.
“Creo que sería un honor tener el honor de tomar Cuba. Eso sería bueno. Es un gran honor. Tomar Cuba de alguna forma, sí. Quiero decir, ya sea que la libere, la tome, puedo hacer lo que quiera con ella”, afirmó Trump ante la prensa, subrayando que Cuba atraviesa una situación de “gran debilidad” que se ha prolongado durante décadas. El mandatario, conocido por su retórica confrontativa, no precisó qué acciones concretas podría emprender Estados Unidos, pero insistió en que Washington tiene “la capacidad de actuar sobre la isla de alguna forma”.
Diálogo en suspenso: ¿Conversaciones o ultimátum?
Las declaraciones se producen en un contexto de contactos diplomáticos entre ambos países, confirmados por el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, quien reconoció recientemente que funcionarios de La Habana han sostenido reuniones con representantes estadounidenses. Sin embargo, la narrativa de Trump contrasta con el tono más moderado de estas negociaciones, que buscan aliviar la presión económica sobre Cuba, azotada por una profunda crisis energética y el bloqueo casi total de Washington al suministro de petróleo.
Un día antes, Trump ya había advertido que “algo va a pasar muy pronto en Cuba”. En declaraciones a bordo del Air Force One, el mandatario sugirió que La Habana busca cerrar un acuerdo con Washington y advirtió: “Si no hay pacto, haremos lo que haya que hacer”. Estas afirmaciones, sumadas a las recientes sanciones anunciadas contra países que envíen crudo a la isla, han elevado el nivel de incertidumbre sobre el futuro de las relaciones bilaterales.
Crisis energética y el fantasma del colapso
La presión estadounidense se intensificó tras la captura del exmandatario venezolano Nicolás Maduro, aliado clave de Cuba, lo que redujo drásticamente el flujo de petróleo hacia la isla. Washington ha amenazado con imponer aranceles o sanciones a cualquier nación que intente vender combustible a La Habana, agravando una crisis que ya amenaza la estabilidad del régimen. Analistas citados por medios internacionales consideran que esta coyuntura representa la mayor amenaza para la supervivencia del Gobierno cubano desde la Revolución de 1959.
No obstante, dentro de la propia administración estadounidense existe preocupación por las consecuencias de un colapso abrupto del sistema político en La Habana. Uno de los principales temores es que una caída repentina del régimen desencadene violencia interna, una crisis humanitaria o una nueva ola migratoria hacia Estados Unidos, país al que Cuba está a solo 145 kilómetros de distancia. En el pasado, crisis similares han provocado éxodos masivos de cubanos hacia Florida, un escenario que el Gobierno de Trump busca evitar.
¿Transición controlada o escalada militar?
El secretario de Estado, Marco Rubio —de origen cubano—, ha abogado por un cambio gradual en Cuba para evitar el caos. Según analistas, la estrategia de Washington podría combinar presión económica con exploración de una transición negociada que permita reformas políticas sin generar un vacío de poder. Sin embargo, las declaraciones de Trump sugieren un enfoque más agresivo, aunque aún no se han concretado medidas específicas.
Mientras tanto, el Gobierno cubano insiste en que las conversaciones con Estados Unidos continúan, aunque sin avances públicos. La Habana acusa a Washington de aplicar una política de “máxima presión” que busca asfixiar económicamente al país, mientras que la administración Trump justifica sus acciones como una respuesta a la “amenaza” que representa el régimen cubano para la seguridad regional.
Reacciones internacionales y futuro incierto
La comunidad internacional observa con preocupación este nuevo capítulo en las tensiones EE.UU.-Cuba. Países como México y Canadá, tradicionalmente mediadores en la región, han instado al diálogo, mientras que organizaciones como la ONU han advertido sobre los riesgos de una escalada militar. Por su parte, el Gobierno cubano ha reiterado su disposición a negociar, pero advierte que no cederá a presiones unilaterales.
Con un panorama que oscila entre el diálogo y la confrontación, la pregunta que resuena es: ¿Podrá Donald Trump cumplir su amenaza de “tomar” o “liberar” a Cuba sin desencadenar una crisis humanitaria o un conflicto mayor? Por ahora, la isla sigue en el centro de un tablero geopolítico donde las palabras de Trump añaden leña a un fuego que, de no controlarse, podría consumir más que solo relaciones diplomáticas.
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