Anna Wintour y Meryl Streep en portada de Vogue: ¿Una alianza estratégica o un guiño a la controversia?

Por: Maria Jose Salcedo

8 abril, 2026

Anna Wintour y Meryl Streep en portada de Vogue: ¿Una alianza estratégica o un guiño a la controversia?

La industria de la moda y el cine se han visto sacudidas por la portada de mayo de Vogue, que presenta a Anna Wintour y Meryl Streep en un encuentro histórico. La imagen, promocionada como un “momento icónico”, no solo celebra el estreno de El diablo viste a la moda 2, sino que reabre un debate sobre la relación entre la vida real y la ficción, el poder y la percepción pública.

Una colaboración cargada de simbolismo

La portada, que muestra a Wintour y Streep frente a frente, ha sido presentada como un gesto de “nostalgia y estrategia editorial”. En la carta editorial, Chloe Malle, editora de Vogue, explicó que la idea surgió al enterarse del estreno de la secuela: “Disney no podía quedarse con toda la diversidad de interpretaciones”, declaró. La apuesta fue clara: unir a “las dos Mirandas”, como se refirió a ambas figuras, en un diálogo moderado por Greta Gerwig.

Sin embargo, el encuentro no está exento de tensiones. Wintour insistió en marcar distancia con el personaje que la ha perseguido durante décadas: “Es un honor ser interpretada por Meryl, por muy distante que Miranda esté de mí”, afirmó. Streep, por su parte, reconoció que al retomar el rol de Miranda Priestly sí pensó en Wintour, aunque matizó que su interpretación fue un ejercicio actoral.

El fantasma de Miranda Priestly

La conexión entre Wintour y el personaje de The Devil Wears Prada ha sido un tema recurrente desde el estreno de la película en 2006. Aunque la autora del libro, Lauren Weisberger, aseguró que Miranda no era un retrato fiel de Wintour, la industria y el público han leído la ficción como un reflejo de la realidad. Diseñadores y figuras de la moda evitaron colaborar con Vogue por miedo a incomodar a la editora, según testimonios de la época.

La reputación de Wintour como una jefa implacable no es nueva. Exasistentes y empleados han descrito un ambiente de trabajo marcado por la presión extrema, jornadas interminables y una cultura del miedo. *”Era muy como en *The Devil Wears Prada: ‘¡Ya viene!’”, resumió una excolaboradora en una biografía sobre Wintour.

Críticas por racismo y exclusión

Pero el legado de Wintour va más allá de su imagen de “jefa dura”. En 2020, tras el asesinato de George Floyd, la editora pidió disculpas en un memo interno por no haber hecho lo suficiente para promover la diversidad en Vogue. Reconoció que la revista había publicado contenidos “hirientes o intolerantes” y admitió que había muy pocos empleados negros en su equipo.

Las críticas no se limitan a la falta de representación. André Leon Talley, una de las figuras negras más influyentes en la moda, describió en sus memorias cómo Wintour lo dejó “con cicatrices emocionales” y lo apartó cuando ya no le era útil. Además, la portada de Vogue de 2008 con LeBron James y Gisele Bündchen fue criticada por reproducir estereotipos raciales.

¿Mercadotecnia o autocrítica?

La portada de mayo de Vogue funciona en dos niveles: como una jugada de marketing brillante y como un recordatorio incómodo de las estructuras de poder que han dominado la moda y el cine. Wintour, cercana a figuras como Harvey Weinstein, ha visto cómo su imagen se entrelaza con los abusos y jerarquías intocables de la industria.

Para muchos, Miranda Priestly no fue solo un personaje de ficción, sino una representación de un estilo de poder que durante años se normalizó. La reunión entre Wintour y Streep, por tanto, no es solo un homenaje al cine, sino una reflexión sobre cómo la realidad y la ficción se entrelazan.