Venezuela regresa al escenario energético mundial: asistirá al G20 en Texas por invitación de Trump

Por: Redacción Paragrafo

16 septiembre, 2026

En un giro diplomático de alto impacto, Venezuela volverá a compartir protagonismo con las principales potencias económicas del planeta. El Gobierno de Estados Unidos, liderado por Donald Trump, ha extendido una invitación oficial a funcionarios venezolanos para participar en las reuniones energéticas del G20, que se celebran desde este lunes en Houston, Texas. Este movimiento consolida el reciente acercamiento bilateral y marca un hito en la geopolítica del petróleo, apenas semanas después del polémico acuerdo petrolero firmado entre ambas naciones.

La delegación venezolana estará encabezada por la ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, y el vicepresidente ejecutivo de PDVSA, Jovanny Martínez. Según confirmó la Casa Blanca a agencias internacionales como EFE y AFP, los representantes participarán en reuniones bilaterales y actividades paralelas organizadas por el Ejecutivo estadounidense. No obstante, se aclaró que Venezuela no formará parte de las sesiones ministeriales oficiales a puerta cerrada del G20, limitando su rol a encuentros estratégicos y conversaciones con la industria.

La administración Trump ha calificado la participación venezolana como “imperativa” para avanzar en la agenda de seguridad y abundancia energética. En este contexto, el secretario del Interior de EE. UU., Doug Burgum, fue contundente al señalar el objetivo geopolítico del encuentro: “Tenemos aquí a todos los países del G20, además de Venezuela. Se trata de que el centro geopolítico del petróleo se traslade fuera de Oriente Medio”. La declaración llega en un momento crítico, con el mercado internacional de combustibles alterado por la guerra en Oriente Medio y un aumento sostenido en los precios del crudo y el gas.

La visita de Henao a Houston no es casualidad. Esta es al menos su tercera visita a la ciudad texana en lo que va del año, como parte de una agresiva campaña para atraer inversión extranjera y capitalizar las oportunidades del sector energético venezolano. La estrategia de Caracas se enfoca en recuperar una industria petrolera que ha sufrido décadas de falta de inversión, corrupción y el impacto de las sanciones internacionales. La producción, que superaba los tres millones de barriles diarios antes de la era de Hugo Chávez, cayó a mínimos históricos de 500.000 barriles en 2019.

La reunión del G20 también tiene un componente de alta tensión geopolítica por la posible presencia de Rusia. Fuentes de AFP indicaron que funcionarios rusos asistirían al evento, incluido el ministro de Finanzas, Antón Siluánov, cuya presencia ya ha generado críticas por parte de los aliados europeos de Ucrania.

Este escenario es el telón de fondo del acuerdo que Trump ha calificado como “el mayor acuerdo petrolero de la historia”. Según la Casa Blanca, el pacto otorga a Estados Unidos el “control mayoritario” sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas venezolanas, una cifra que representa aproximadamente el 21,5% del total nacional estimado en 303.000 millones de barriles.

Sin embargo, las versiones sobre los términos del acuerdo difieren notablemente entre ambas capitales. Mientras Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, asegura que el pacto contempla más de US$100.000 millones en inversiones y una vigencia de 25 años para el desarrollo de 17 campos estratégicos, la Casa Blanca sostiene que la concesión otorgada a la empresa North American Blue Energy Partners (Nabep) tendría una duración de 100 años. En este último escenario, Washington tendría poder de veto sobre la junta directiva de la compañía y derechos preferenciales para comprar el 80% de la producción restante, además de adquirir el 20% al costo.

La diferencia en la duración del acuerdo no es un mero detalle técnico, sino que compromete la explotación de los recursos venezolanos durante varias décadas, lo que ha generado cuestionamientos sobre las condiciones de soberanía y beneficio para el país sudamericano. Mientras tanto, el precio del diésel en Estados Unidos ha llegado a picos de US$6,2 por galón, lo que subraya la urgencia de Washington por asegurar fuentes alternativas de suministro.

La participación de Venezuela en el G20 de Houston representa un símbolo de su regreso a la mesa de decisiones energéticas globales, pero también evidencia la fragilidad de un acuerdo que aún tiene más preguntas que respuestas. La comunidad internacional observa con atención cómo se desarrolla esta alianza estratégica que podría redefinir el mapa energético mundial en las próximas décadas.