Fundación Mi Sangre, de Juanes, celebra 20 años transformando vidas

Por: Maria Jose Salcedo

8 abril, 2026

Fundación Mi Sangre, de Juanes, celebra 20 años transformando vidas

La Fundación Mi Sangre, impulsada por el cantante Juanes y Catalina Cock Duque, cumple dos décadas de impacto social, habiendo beneficiado a más de 2.1 millones de personas en 281 municipios de Colombia y expandiendo su modelo a países como Sudáfrica y Guatemala.

Desde su origen en 2005, cuando el artista lanzó Fíjate bien —una canción que denunció el drama de las víctimas de minas antipersona—, hasta su evolución hacia un enfoque de liderazgo consciente y construcción de paz, la organización se consolida como un referente en innovación social.

De víctimas a agentes de cambio: un modelo que crece

Inicialmente enfocada en proyectos artísticos y lúdicos para niños y adolescentes afectados por la violencia, la fundación dio un giro en 2009 tras observar cómo sus participantes se convertían en líderes transformadores en sus comunidades. “Fue un chispazo: entendimos que debíamos apostarle a un enfoque preventivo”, explica Cock, presidenta de Mi Sangre y reconocida como Innovadora Social del Año por el Foro Económico Mundial.

Hoy, su metodología combina educación emocional, salud mental y empoderamiento juvenil, trabajando en escuelas, comunidades y entornos multisectoriales. Programas como el Fellowship de Liderazgo —que capacita a jóvenes como Anderson Romaña, un abogado de 25 años de Chocó— demuestran su impacto. Romaña, quien desde los 15 años promueve diversidad e inclusión, destaca: “Mi Sangre nos enseñó que el liderazgo debe ser consciente: no puedes transformar una comunidad si no te cuidas a ti mismo”.

Salud mental y liderazgo: claves para una nueva generación

Uno de los mayores aprendizajes de la fundación es la priorización de la salud mental. Con el aumento de ansiedad, depresión y burnout entre jóvenes, Mi Sangre incorpora herramientas como meditación, reflexión y retroalimentación efectiva. “Estamos cerca de una pandemia de salud mental”, advierte Cock. “Por eso trabajamos desde la capacidad, no desde la carencia: los jóvenes tienen creatividad y energía, y nuestro rol es canalizarla”.

Ejemplo de esto es Jennifer Montoya, una docente de Apartadó (Urabá antioqueño) que, tras capacitarse en habilidades para la vida, replicó lo aprendido entre sus estudiantes. “Aprendí a reconocer emociones más allá de lo básico”, cuenta. Su estrategia —formar representantes estudiantiles para multiplicar el conocimiento— refleja el efecto multiplicador que busca la fundación: “Si una persona comparte herramientas, beneficia a diez, y esas a cincuenta”.

Alianzas y escalabilidad: el futuro de Mi Sangre

Con presencia en 20 países de Latinoamérica, la fundación ha demostrado que su modelo es replicable. Su próximo desafío es ampliar alianzas con sectores público, privado y académico para que los jóvenes lleven sus ideas más allá de sus barrios. “Los jóvenes no son el futuro, son el presente”, subraya Cock. “Necesitamos que sus voces se escuchen en espacios de toma de decisiones”.

En un contexto global donde la polarización y la violencia persisten, iniciativas como Mi Sangre ofrecen un modelo alternativo: uno que prioriza el cuidado interno para generar cambios externos. Mientras celebra sus 20 años, la fundación mira hacia adelante con un mensaje claro: “La paz no se construye solo con acciones, sino con líderes conscientes y comunidades empoderadas”.