Pintas de año o cabañuelas: la tradición popular que intenta predecir el clima del año desde enero

Por: Maria Jose Salcedo

1 enero, 2026

Pintas de año o cabañuelas: la tradición popular que intenta predecir el clima del año desde enero

Con el inicio de un nuevo año, en muchas regiones rurales de Colombia y otros países de América Latina vuelve a tomar fuerza una tradición ancestral que busca anticipar cómo será el clima durante los próximos meses. Se trata de las llamadas “pintas de año” o cabañuelas, una práctica popular basada en la observación del comportamiento del tiempo durante los primeros días de enero.

Aunque carece de sustento científico, esta costumbre sigue siendo consultada por campesinos, agricultores y comunidades que ven en ella una guía empírica para la siembra, la cosecha y otras labores del campo. La tradición se transmite de generación en generación y forma parte del patrimonio cultural de numerosas zonas rurales.

Según esta creencia, los primeros 12 días de enero representan cada uno un mes del año. El 1 de enero simboliza el clima de enero, el 2 de enero el de febrero, y así sucesivamente hasta el 12 de enero, que correspondería a diciembre. De esta forma, si un día se presenta lluvioso, soleado o con fuertes vientos, se interpreta que el mes que representa tendrá condiciones similares.

A este método inicial se le suman las llamadas “repintas”, que buscan afinar la predicción. Estas se observan entre los días 13 y 18 de enero, pero con el orden invertido: el día 13 se asocia con diciembre, el 14 con noviembre, el 15 con octubre y así hasta volver a enero. Para quienes practican esta tradición, la comparación entre las pintas y las repintas permite confirmar o ajustar las señales del clima anual.

En algunas regiones, la observación se extiende incluso más allá. Existen variantes que analizan el comportamiento del tiempo hasta el 31 de enero, donde cada día representa dos meses del año o, en versiones más detalladas, cada dos horas de un día simbolizan un mes específico. Estas interpretaciones buscan ofrecer una lectura más precisa del calendario climático.

El origen de las pintas de año se remonta a conocimientos ancestrales desarrollados por culturas agrícolas que dependían directamente del clima para su subsistencia. Antes del acceso a pronósticos meteorológicos modernos, estas observaciones permitían tomar decisiones clave sobre cuándo sembrar, regar o cosechar. En ese contexto, la experiencia acumulada y la memoria colectiva jugaban un papel fundamental.

Sin embargo, expertos en meteorología han reiterado que las cabañuelas no tienen respaldo científico. Las condiciones climáticas dependen de múltiples variables atmosféricas que no pueden predecirse a partir del comportamiento del clima en unos pocos días. Aun así, reconocen su valor cultural y simbólico dentro de las comunidades que las practican.

Pese a los avances tecnológicos y a la disponibilidad de información climática más precisa, las pintas de año siguen vigentes como una tradición popular profundamente arraigada. Para muchos, no se trata solo de acertar o no en la predicción, sino de mantener viva una costumbre que conecta el inicio del año con la observación de la naturaleza y el saber de los antepasados.

Así, cada enero, mientras unos consultan aplicaciones y pronósticos oficiales, otros siguen mirando al cielo, al viento y a la lluvia, convencidos de que los primeros días del año guardan pistas sobre lo que vendrá.